Fue un milagroso regalo de Navidad. El 23 de diciembre mi hija de 34 años llamó para darnos una noticia inesperada para mí y mi señora. “Estoy embazada..”gritó y nosotros desde otro lado de la línea lloramos de alegría.
No era para menos. La nena, su marido, nosotros, los hermanos, la madre y hermanos de él, hacía 10 años que estábamos esperando y al fin había llegado.
“Nada de preparativos..ehhh”, dijo ella con voz de mando.
La madre ya le había comprado batitas de distintos colores, pañales, peleles, en fin, una bolsa para “Carlitos” porque a mí se me había ocurrido que era un varón.
Llegó la primera ecografía y el embrión estaba bien colocado. Su diminuto corazón latía con normalidad. La dicha nos desbordaba.
Esperábamos con ansiedad el día 8 de febrero, marcado para la segunda ecografía, porque cuentan los entendidos que el embrión, ya convertido en feto, aparece como un muñequito.
Pero ni yo, ni mi esposa, ni mi pequeña hija marcamos el destino y el viernes llegó el cimbronazo.
De golpe una pequeña pérdida anunció algo raro. Por eso partimos todos a Emergencias de la Médica Uruguaya.
Fue allí donde le dijeron, 4 horas después, que el bebé estaba muerto.
“Mirá gorda, te damos unas pastillas y te vas para tu casa, en una horas abortás, quedate tranquila”, y después volves, dijo fría como un hielo la enfermera mandata por el médico de guardia.
Entonces mi mujer armó una de sus pequeñas revoluciones a la que está aconstumbrada.
Les pegó un par de gritos a médicos y enfermeras y como por arte de magia, mi hija pasó al cuarto piso.
Pero el dolor personal, pasó a convertirse en algo más profundo, quizá más desgarrador.
Fuimos testigos de cosas increíbles durante las siguientes 24 horas en ese mercado persa en que se ha convertido la Médica Uruguaya.
Embarazadas llorando porque hacía horas que esperaban ser atendidas. Ascensores que no funcionaban y mujeres que subían y bajaban escaleras con sus barrigas a cuestas y sus caras empapadas por lágrimas y sudor.
A un hombre entrado en años lo habían enviado de Emergencia a que le realizaran una ecografía.
Le hicieron tomar un litro de agua y le dijeron que esperara.
Cuatro horas después el desdichado estaba que reventaba. Entonces se acercó a la ventanilla y le dijo a la empleada administrativa “no doy más”,
La mujer lo miró y le dijo “vaya y siéntese que ya lo llamamos”.
El hombre esperó una hora más y ya hinchado como una pelota se acercó de nuevo a la ventanilla. “Por favor, por qué no me llaman”.
“¿De qué me habla, señor…”, le dijo la empleada con cara asombrada. En rigor la mujer tenía razón porque su colega había terminado el turno y se había ido.
El hombre corrió al baño.
Mi mujer y yo, entrábamos y salíamos para ver cómo seguía la nena.
En un momento dado, vimos a lo lejos a un cirujano que, al parecer, recién había terminado de operar a alguien.
Nos llamó la atención la cara enrojecida del profesional y la de susto de las enfermeras que lo flanqueaban.
Al pasar a nuestro lado escuchamos con claridad al cirujano: “la puta que los parió, 200 camas para 50 mil socios; 15 psiquiatras para 10 mil locos. La puta que los parió.”
Mientras tanto en la directiva, es de suponer, los ejecutivos hacían las cuentas para fijar el monto y continuar seguir siendo el sponsor oficial de la selección uruguaya de fútbol.















El MSP no controla nada en las mutualistas ?
el msp exige mucho sòlo a determinadas mutualistas, pero a otras se les permite cualquier cosa ¿por què serà?