“Usted es mi décimo primer ministro. El primero fue Winston (Churchill). Eso fue antes de que usted naciera”. Con estas palabras recibió en 1997 Isabel II a Tony Blair, en la primera audiencia real del entonces recién elegido premier británico, quien la describió como una mujer “extremadamente directa”.
Conservadora, divertida, rígida, tímida, distante, práctica, sensible, tacaña… son otros adjetivos que le han achacado a la Reina, que mañana cumple 60 años en el trono, un récord solo superado en los mil años de historia de la monarquía británica por Victoria, que con más de 63 años de reinado dio nombre a toda una era, la victoriana.
El largo reinado de Isabel II comenzó el 6 de febrero de 1952, cuando en un viaje a Kenia se enteró de la muerte de su padre, el rey Jorge VI. Ascendió al trono de un país que salía de la devastación sufrida tras la II Guerra Mundial y empezaba un proceso de descolonización que se aceleraría en años siguientes. Con una actitud estoica ante los momentos más duros, ha sido testigo durante estos 60 años de crisis económicas, cambios demográficos, pérdida de colonias, guerras, el terrorismo del IRA y tragedias familiares.
Como corresponde a un monarca constitucional, la soberana inglesa casi nunca habla en nombre propio pero, cuando lo hace, sus palabras le dan la vuelta al mundo. Así ocurrió en 1992, al que se refirió como “annus horribilis”, debido a que se le juntaron el divorcio de sus hijos, el incendio del castillo de Windsor y la obligación de pagar impuestos. También es recordado su discurso tras la crisis desatada por la muerte, en 1997, de Diana de Gales, que estuvo a punto de sellar el divorcio entre la soberana y su pueblo. Entonces, se definió en un mensaje televisado como “Reina y abuela”.
Millonaria en dinero, acciones, propiedades, joyas y obras de arte, como Tizianos y Caravaggios, ha reinado junto al consorte también más longevo de la monarquía británica, su esposo el príncipe Felipe, del que se enamoró a los 13 años. Más allá de que disfruta de los caballos, sus perros corgis, la vida en el campo y su querida y gélida Escocia, donde se refugia todos los veranos, apenas ha desvelado detalles personales.
Hoy, a sus 85 años y después de capear muchas tormentas, la reina de los vestidos pastel y los anticuados sombreros no da señales de cansancio y parece estar cumpliendo una promesa que hizo a los 21 años: “Toda mi vida, sea larga o corta, estará dedicada a vuestro servicio”.
Homenaje ‘modesto’
Pese a la fastuosidad de los Windsor, la Reina ha abogado por un homenaje modesto, acorde con los tiempos de crisis. El primer ministro David Cameron también ha asegurado que la factura de los festejos será “9.000 veces menor que la de los Juegos Olímpicos de Londres”.
No obstante, habrá actos en honor a la Reina durante los próximos cinco meses, que incluyen ceremonias, exposiciones y cabalgatas, como la que tendrá lugar en mayo y en la que participarán unos 500 purasangre y 900 personas, incluidos maoríes, esquimales, guerreros zulúes y cosacos.
Londres (Efe)














